Preparación del suelo: La preparación del terreno debe tener la profundidad suficiente para romper la suela de labor, un muy buen desarrollo del sistema radicular y beneficiar la infiltración de agua. La soja requiere de una esmerada preparación del terreno, además, cuanto más se cuida la preparación de la tierra mejor responde la planta. Es importante que el suelo tenga una perfecta nivelación para así facilitar el riego, principalmente cuando se cultive en llano y sea regado por inundación o manta, evitando que se produzcan encharcamientos que perjudican mucho a ésta planta. Si la soja se realiza en segunda cosecha, tiene que enterrarse o quemarse el rastrojo del cultivo precedente y posteriormente darse un riego para así conseguir tempero en el suelo. Seguidamente se pasará la grada de discos y el cultivador. Se realizará anteriormente una labor de alzado si la soja llega a ser cabeza de cultivo.
Inoculación de la semilla: Se recomienda realizarla con las bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico, especiales de esta planta. Existen preparados comerciales para ello, pueden usarse con garantía y se lo entregan al cultivador junto con la semilla. Éstos productos son generalmente un polvo negruzco y se utilizan humedeciendo una pequeña cantidad de agua en la semilla, y luego de ser escurrida se mezcla con la cantidad de polvo indicada por el fabricante, revolviendo bien la mezcla para que tome una consistencia homogénea, si se añade un poco de azúcar, goma arábica o melaza al agua se mejora la adherencia con el polvo. Conviene realizar ésta mezcla a la sombra, ya que las bacterias son muy sensibles a la luz del sol. Terminada la inoculación se debe sembrar inmediatamente.

